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Oraciones
Oraciones
a Jesús y a María
Oración
a Jesús
66)
Dejadme, amabilísimo Jesús mío, que me dirija a Vos,
para atestiguaros mi reconocimiento por la merced que me habéis hecho
con la devoción de la esclavitud, dándome a vuestra Santísima Madre
para que sea Ella mi abogada delante de vuestra Majestad, y en mi grandísima
miseria mi universal suplemento. ¡Ay, Señor! tan miserable soy, que
sin esta buena Madre, infaliblemente me hubiera perdido. Sí, que
a mí me hace falta María, delante de Vos y en todas partes; me
hace falta para calmar vuestra justa cólera, pues tanto os he ofendido
y todos los días os ofendo; me hace falta para detener los eternos
y merecidos castigos con que vuestra justicia me amenaza,
para miraros, para hablaros, para pediros, para
acercarme a Vos y para daros gusto; me hace falta para salvar mi alma
y la de otros; me hace falta, en una palabra, para hacer siempre
vuestra voluntad, buscar en todo vuestra mayor gloria.
¡Ah, si pudiera
yo publicar por todo el universo esta misericordia que habéis tenido
conmigo! ¡Si pudiera hacer que conociera todo el mundo que si no fuera
por María estaría yo condenado! ¡Si yo pudiera dignamente
daros las gracias por tan grande beneficio! María está en mí.
Haec facta est mihi. ¡Oh, qué tesoro! ¡Oh, qué consuelo!
Y, de ahora en adelante, ¿no seré todo para Ella? ¡Oh, qué
ingratitud! Antes la muerte. Salvador mío queridísimo, no permitáis
tal desgracia, que mejor quiero morir que vivir sin ser todo de María.
Mil y mil veces,
con San Juan Evangelista al pie de la cruz, la he tomado en vez de todas mis cosas.
¡Cuántas veces me he entregado a Ella! Pero si todavía no he hecho
esta entrega a vuestro gusto, la hago ahora, mi Jesús querido, como
Vos queréis la haga. Y si en mi alma o en mi cuerpo veis alguna cosa
que no pertenezca a esta Princesa augusta, arrancadla, os ruego, arrojadla
lejos de mí; que no siendo de María, indigna es de Vos.
67)
¡Oh, Espíritu Santo! Concededme todas las gracias, plantad,
regad y cultivad en mi alma el Árbol de la Vida verdadero,
que es la amabilísima María, para que crezca y florezca y dé
con abundancia el fruto de vida. ¡Oh, Espíritu Santo! Dadme
mucha devoción y mucha afición a María,
vuestra divina Esposa; que me apoye
mucho en su seno maternal y recurra de continuo a su misericordia, para que en
ella forméis dentro de mí a Jesucristo, al natural,
grande y poderoso, hasta la plenitud de su edad perfecta. Amén.
Oración
a María
para sus fieles esclavos
68)
Salve, María, amadísima Hija del Eterno Padre;
salve, María, Madre admirable del Hijo; salve,
María, fidelísima Esposa del Espíritu Santo; salve, María,
mi amada Madre, mi amable Señora, mi poderosa Soberana; salve,
mi gozo, mi gloria, mi corazón y mi alma. Vos sois toda
mía por misericordia, y yo soy todo vuestro por
justicia. Pero todavía no lo soy bastante. De nuevo me entrego a Vos todo entero
en calidad de eterno esclavo, sin reservar nada ni para mí, ni para otros.
Si
algo veis en mí que todavía no sea vuestro, tomadlo en seguida,
os lo suplico, y haceos dueña absoluta de todos mis haberes para destruir
y desarraigar y aniquilar en mí todo lo que desagrade a Dios y plantad,
levantad y producid todo lo que os guste.
La luz
de vuestra fe disipe las tinieblas de mi espíritu; vuestra humildad
profunda ocupe el lugar de mi orgullo; vuestra contemplación sublime
detenga las distracciones de mi fantasía vagabunda; vuestra continua
vista de Dios llene de su presencia mi memoria, el incendio de caridad
de vuestro corazón abrase la tibieza y frialdad del mío;
cedan el sitio a vuestras virtudes mis pecados; vuestros méritos
sean delante de Dios mi adorno y suplemento. En fin,
queridísima y
amadísima Madre, haced, si es posible, que no tenga yo más
espíritu que el vuestro para conocer a Jesucristo y
su divina voluntad; que no tenga más alma que la vuestra
para alabar y glorificar al Señor; que no tenga más corazón
que el vuestro para amar a Dios con amor puro y con amor ardiente como
Vos.
69)
No pido visiones, ni revelaciones, ni gustos, ni contentos, ni aun espirituales.
Para Vos el ver claro, sin tinieblas; para Vos el gustar por entero sin amargura;
para Vos el triunfar gloriosa a la diestra de vuestro Hijo, sin humillación;
para Vos el mandar a los ángeles, hombres y demonios, con poder absoluto,
sin resistencia, y el disponer en fin, sin reserva alguna de todos los bienes de
Dios.
Esta es,
divina María, la mejor parte que se os ha concedido, y que jamás
se os quitará, que es para mí grandísimo gozo. Para mí
y mientras viva no quiero otro, sino el experimentar el que Vos tuvisteis: creer a
secas, sin nada ver y gustar; sufrir con alegría, sin consuelo de las criaturas;
morir a mí mismo, continuamente y sin descanso; trabajar mucho hasta la muerte
por Vos, sin interés, como el más vil de los esclavos. La sola gracia,
que por pura misericordia os pido, es que en todos los días y en todos los momentos
de mi vida diga tres amenes: amén (así sea) a todo lo que hicisteis sobre
la tierra cuando vivíais; amén a todo lo que hacéis al presente
en el cielo; amén a todo lo que hacéis en mi alma, para que en ella no
haya nada más que Vos, para glorificar plenamente a Jesús en mí,
en el tiempo y en la eternidad. Amén.
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